Y qué pasa si te digo que desapareciste. Que miro para atrás y no te veo. Sos como una especie de fantasma que alguna vez creí ver pero ahora ya no estoy tan segura y pienso que todo fue producto de mi imaginación. Y qué pasa si te digo que no sos real. ¿Lo fuiste alguna vez? ¿Lo soy, acaso? Todos somos pasajeros. Somos reemplazables. Y todos los que estaban ahora ya no existen. Y qué pasa si te digo que no recuerdo las emociones. Que si te escribo en este blog es porque anoche soñé con algo que se parecía a vos (pero no estoy segura). Que lo pienso como si fuera un epitafio de tu tumba, porque de cierta manera te estoy enterrando, ahí, en los recuerdos. En un recuerdo que se perdió. En una memoria imaginaria. En un cuento que nunca fue inventado. Y qué pasa si te digo que no quedan fragmentos tuyos en mi vida.
(Sólo un mal presentimiento).

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